gran hermano, gran aburrimiento
anoche dio comienzo la undécima edición de ese programa que todo el mundo parece odiar pero que todo el mundo ve -y no mintáis, que teníamos todos el twitter echando humo, gañanes-: gran hermano. como cada año, esta edición se nos ha vendido como la de la nueva generación, la más diferente, la más sorprendente... cuando en realidad parece que va a ser, al menos a juzgar por la primera y soporífera gala, la edición más aburrida y más repetitiva de la historia del programa.
para empezar, vuelven a repetirse dinámicas: vuelve a haber dos casas; una -la normal, también conocida como el cubo de rubik- en la que convivirán once energúmenos, y otra -la casa espía- en la que lo harán otros seis que tienen bastante mejor pinta. otro año más, vuelven a meter a una señora cincuentona y con aspecto de putón, dándole mucho bombo al hecho de que es ama de casa. ¿qué pasa, que ya no nos acordamos de la mirentxu o la marquesita? por lo demás, los concursantes vuelven a estar todos cortados por el mismo patrón: musculitos, pokeros, chonis, reguleros, putas malvestidas y una frikaza que está más sobreactuada que qué-sé-yo:
en fin, que gran hermano ya está aquí, y como cada año, a pesar de ser un bodrio, todos volveremos a verlo, y no me digáis que no. gran hermano es ya sinónimo de guilty pleasure, caris.


